Gafas de eclipse y filtros solares fiables
Es la única compra imprescindible para el 2 de agosto de 2027, cuesta unos pocos euros y es también donde más engaños hay. Esta guía responde lo que la gente pregunta de verdad: qué tienen que cumplir unas gafas, por qué la etiqueta sola no es garantía, cómo hacer una comprobación en casa, qué no vale aunque lo diga tu cuñado, y qué hacer con prismáticos, telescopios, cámaras y niños.
Lo primero: por qué esto va en serio
Mirar al Sol sin filtro adecuado quema la retina, el daño puede ser permanente y no duele mientras ocurre, porque la retina no tiene receptores de dolor. No hay segundo aviso. Con la protección correcta, en cambio, observar un eclipse es completamente seguro. Toda esta página existe para esa palabra: «correcta».
La norma: ISO 12312-2
Los filtros para mirar al Sol directamente deben cumplir la norma internacional ISO 12312-2. Un filtro que la cumple deja pasar una fracción minúscula de la luz visible y bloquea el ultravioleta y el infrarrojo, que es el que las soluciones caseras no detienen. En Europa deben llevar además el marcado CE.
Ahora, el matiz que casi nadie cuenta: la etiqueta se puede imprimir en cualquier fábrica. Que unas gafas lleven «ISO 12312-2» escrito no demuestra que un laboratorio acreditado las haya ensayado, y en eclipses anteriores circularon falsificaciones con la norma impresa. La garantía real no es el texto de la patilla: es a quién se las compras. La American Astronomical Society, que mantiene la lista de referencia de fabricantes y vendedores verificados, lo dice sin rodeos: compra de proveedores contrastados, no del listado anónimo más barato de un mercadillo online, donde bajo un mismo anuncio pueden convivir lotes certificados y lotes falsos.
- Bien: tiendas de astronomía establecidas, ópticas, planetarios y agrupaciones astronómicas, o fabricantes de la lista de la AAS.
- Mal: vendedores anónimos en marketplaces, puestos callejeros los días previos, y cualquier gafa que llegue sin marca ni fabricante identificable.
La comprobación en casa
No sustituye a comprar bien, pero descarta lo peor. Con las gafas puestas, en interior, no deberías ver absolutamente nada: ni muebles, ni ventanas, ni una bombilla normal encendida. Solo fuentes realmente intensas (el filamento de un halógeno, la llama de un soplete, un LED potente mirado de cerca) deberían insinuarse, y muy tenues. Si a través de ellas distingues una lámpara corriente o el paisaje, no son un filtro solar, son basura con etiqueta.
Y antes de cada uso, treinta segundos de inspección. Si el filtro está rayado, agujereado, arrugado o despegado de la montura, se tira. Las gafas modernas que cumplen la norma no caducan por calendario si están intactas (el mito de «caducan a los tres años» viene de advertencias antiguas), así que las que se compraron para el eclipse de agosto de 2026, si están en buen estado, sirven para 2027. Guárdalas planas, lejos de llaves y bolsillos.
Lo que NO vale, aunque lo repita todo el mundo
- Gafas de sol, por oscuras que sean, incluso varias a la vez. Dejan pasar miles de veces más luz de la admisible, y el infrarrojo entero.
- Radiografías, el clásico de 1999. No filtran el infrarrojo por muy negras que se vean.
- CD, DVD, cristales ahumados con vela, película velada, botellas oscuras, papel de aluminio con agujeritos para mirar a través. Variantes del mismo error.
- Mirar «solo un segundo» sin nada. La parcialidad dura más de dos horas y la tentación es continua, y aunque un vistazo suelto no ciega, la suma de vistazos hace daño real.
- Vidrio de soldador: solo el tono 14, que es difícil de encontrar. Los tonos habituales de taller (10 a 12) no llegan. Si no pone el tono, no sirve.
Prismáticos, telescopio y cámara: otra liga
Aquí cambian las reglas, y este es el error que más retinas ha costado. Unas gafas de eclipse no sirven para mirar por unos prismáticos. El instrumento concentra la luz cientos de veces y funde el filtro de las gafas en un instante, con el ojo detrás. La única protección válida es un filtro solar específico montado DELANTE del objetivo (lámina de polímero o filtro de vidrio certificados, bien sujetos, de forma que no puedan soltarse con el viento o un golpe). Lo mismo para la cámara y el móvil con zoom, que el sensor también se quema.
Quedan dos avisos de este capítulo. Los filtros de ocular que venían con telescopios antiguos (un cristalito oscuro que se enrosca junto al ojo) son directamente peligrosos, porque el calor concentrado los raja, y no deben usarse jamás. Y si el filtro frontal es más pequeño que la apertura, el resto del tubo debe quedar tapado, incluido el buscador.
Con niños, y para grupos: la proyección
A un niño pequeño no se le puede vigilar dos horas de parcialidad con unas gafas que le bailan en la cara. La solución tranquila es no mirar al Sol, sino a su imagen proyectada:
- El agujerito: una cartulina con un orificio de unos milímetros proyecta sobre otra cartulina, a un metro, un pequeño Sol menguante. Cuanto más lejos entre ambas, más grande y tenue la imagen.
- El colador de cocina: decenas de soles pequeños de una vez. Lo mismo hace la sombra de un árbol: cada hueco entre hojas es un agujerito, y el suelo se llena de medialunas. Es la foto más bonita y más segura de una parcialidad.
- Prismáticos proyectando sobre una cartulina blanca (sin ningún ojo en el ocular, sujetos en trípode y vigilados), que dan una imagen grande y nítida para un grupo entero.
Conviene saber por qué funciona, porque es lo que convierte el truco en una explicación: un agujero pequeño es una cámara oscura, la misma con la que se hicieron las primeras fotografías. Los rayos que pasan por él solo pueden llegar a un punto de la cartulina, así que dibujan una imagen del Sol, invertida y del revés. Por eso lo que se ve no es la forma del agujero: cuando el Sol es un círculo salen redondeles, y cuando está mordido salen medialunas. Se puede comprobar en casa cualquier día soleado antes del eclipse, y así el 2 de agosto ya está aprendido.
El momento en que las gafas SE QUITAN
A todo el mundo le sorprende la primera vez, pero es así: durante la totalidad, dentro de la franja, las gafas se quitan. Con el disco solar completamente tapado no queda fotosfera que pueda dañarte, y la corona (el motivo de todo el viaje) es demasiado tenue para verse a través del filtro. Quien se deja las gafas puestas durante la totalidad no ve nada y se pierde el espectáculo.
La regla exacta es esta. Gafas puestas durante toda la parcialidad. Cuando desaparece el último destello (el «anillo de diamante»), gafas fuera. Y en cuanto el borde del Sol reaparece por el otro lado, gafas puestas otra vez, de inmediato. En Cádiz la totalidad va de las 10:45 a las 10:48 y en Ceuta de las 10:45 a las 10:50, y las horas exactas de cualquier localidad, al segundo, están en el buscador. Fuera de la franja (Sevilla, Madrid, cualquier sitio con parcial) las gafas no se quitan en ningún momento.
Cuándo comprarlas
Meses antes, y no es una exageración de vendedor. En cada gran eclipse se repite el mismo guion, con las existencias serias agotadas en las semanas previas y el hueco rellenado por producto sin certificar de origen dudoso, que es justo el que no hay que comprar. Para agosto de 2027, con media Europa mirando a Andalucía, la presión sobre las existencias será la mayor en décadas. Compradas con antelación, unas gafas certificadas cuestan poco, se comprueban con calma y, bien guardadas, sirven también para el eclipse anular de enero de 2028.
Fuentes: norma ISO 12312-2, recomendaciones de seguridad ocular del grupo de trabajo de eclipses de la American Astronomical Society (verificación por laboratorio acreditado, compra en proveedores contrastados, inspección y no-caducidad de visores modernos intactos, filtros frontales para óptica, observación sin filtro únicamente durante la totalidad). Redactado desde cero para esta web.